La gente que divide al pueblo entre los que tienen jefe y los que no lo tienen se equivocan. Todo el mundo tiene jefe y por condición sine quanum todo el mundo es jefe de alguien.
Con el propósito de encaminar nuestro mundo hacia un lugar mejor y hacer que los lunes nos levantemos inspirados para cambiar los equipos que dirigimos o los jefes de los equipos a los que pertenecemos, hemos creado esta serie dominical:
Como ser jefe!
Como ser jefe (X)
Charles Montgomery Burns: The Simpsons
Hay una serie de jefes que pese a ser realmente duros, el pequeño corazoncito que debería habitar en el interior de la encallecida coraza, se le intuye…
Claramente, para los que lo conocemos, este no es el caso del Sr. Burns. Es justamente lo contrario: se le sospecha (aunque es manifiestamente comprobable) una dureza y una frialdad a prueba de sonrisas de bebé, pero, ah! Maldita humanidad!, todo hombre, por muy mamón que sea tiene momentos de debilidad. Y es en estos casos cuando la figura de un ogro como Burns se convierte en entrañable.
Entre sus (algunos ilustres) empleados el odio golea a la amistad o a la admiración, consiguiendo, eso sí, que nadie se mantenga neutro en sus sentimientos hacia Monty.
No lo hemos escogido en este décimo capítulo por sus dotes de mando. Si la central nuclear de la que es dueño y director tuviera que entrar en un ranking de funcionamiento y productividad, seguro que dejaría a la ya defenestrada estación MIR en una lejana segunda posición.
Pero si nos sirve para darnos cuenta que el, a veces ponernos de parte de uno de los implicados de la cadena laboral, jefe o empleado, dará como resultado, como mínimo, una etapa de tranquilidad laboral.
Siempre que Monty Burns ha sido tentado por el bien, el tiro ha salido por la culata. Pero el que esto ocurra, generalmente inspirado por uno de sus trabajadores, es significativo pues la maldad total (en este planeta) no creemos que exista.
Capaz de hacer cualquier cosa para cumplir su objetivo (sea bueno o malo o no lo distingamos bien) sabe salirse siempre con la suya de un modo u otro.
Poco ortodoxo y movido generalmente por la avaricia y la codicia, pudiendo salvar estos espinosos temas, es posible que un empleado también logre sus objetivos mediante su egoísta jefe. Es cuestión de saber que hilos mover.
Y sobretodo, el que no recuerde tu nombre no quiere decir que no te recuerde a ti.
