Después de ver los primeros 5 capítulos de Imborrable, que injusto sería compararla con otra serie procedimental con trama traumática transversal como… no sé… El Mentalista, por ejemplo. Que injusto sería.
La serie comienza cuando una guapa moza pelirroja (como Patrick Jane) es llamada a volver a trabajar con un departamento policial (como Patrick Jane) ya que descubre que es la única forma de descubrir al asesino de (como Patrick Jane) su hermana (oh! no, aquí no) y de paso cazar algunos desaprensivos malos de la sociedad (como Patrick Jane). Para ello hará uso de una enfermedad (o don, como Patrick Jane) que la convierte en una investigadora excepcional.
Y este es el hecho diferencial del trabajo del equipo de policías de este procedimental. La protagonista padece de hipertimesia (no lo busquéis en Google, existe) y eso le permite analizar gestos, miradas, conversaciones o escenas como quien puede analizar una foto durante horas.
Sorpresa inicial por este hecho diferencial. Perfecta desde un punto de vista técnico y original en su resolución de los flashbacks en los que la pelirroja utiliza la hipertimesia para revelar un detalle que a todos se nos había pasado.
Después, aburrida. Si quereis intentar verla, por aquello de “no vamos a hacerle caso al idiota este” (cosa que incluso aplaudiría) y a medio visionado del 3er capítulo, véis que tenía razón y os aburrís, podéis hacer lo que hice yo: intentar recordar todas las series en las que salían los protagonistas de Imborrables.
Ya me diréis. A mi Imborrable, no creo que la recuerde dentro unos meses.